jueves 13 de noviembre de 2008

El garete (I)



Supongo que me iría a pescar escualos al mar Caribe, en un gomón. No, digo que en un gomón pescaría allá los escualos, para llegar de aquí hasta allá debería tomarme un avión. Pero estoy hablando como si ya estuviera allá, en el hipotético pero no imposible caso de que todo esto se vaya al garete. Entonces yo, obediente, seguiría mansamente la tendencia global y me iría justo ahí, al mismísimo garete, a pescar al garete. Eso no sería la resignación, sino todo lo contrario.
Me explico. La ecuación escualo-gomón-aguas transparentes ahora que lo pienso suena bastante peligrosa, aunque no tanto como la persona en la que yo me transformaría aquí.
Mis dos únicas experiencias violentando la riqueza submarina son también mis mayores hazañas pesqueras. Del Río de la Plata extraje un día una boga de unos 15 cm. lo suficiente como para dudar entre morfársela o devolverla al agua. Me apiadé del pez y pensé que estaría mejor muerto en mi estómago que vivo en ese río marrón. Nos la morfamos ese mediodía, habrá sido un sábado. Muchos años después, suprimí de la riqueza acuícola del Océano Atlántico Sur unos cuantos centenares de camarones. Esos terminaron sobre una sartén, una noche de verano con salsa rosa, en aquella casa de la playa. Es decir, cuando he tenido que comer pieza, he comido.

(Mañana, todos de negro. Al garete nos vamos todos o no se va nadie)