viernes 14 de noviembre de 2008

El garete (II)



Si no me equivoco, por allá cerca del garete en una isla caribeña siguen dos primas mías, lejanas en el más amplio sentido de la palabra. La mayor tenía un ex marido bastante cabrón. El hombre tenía un chiringuito en la playa, con banquitos de madera y techo de paja al borde al mar. Hacían unos pescaditos fritos fabulosos. Recuerdo que el muy imbécil, después de que hacía catorce años que yo no veía a su ex mujer, me cobró bien cobrada la fritanga caribeña. Pagué con gusto, amargo, pero pagué. Mientras me disponía a hacer la digestión panza llena arriba en el agua transparente, se oían los gritos de mi prima a su ex, repitiéndole por enésima vez lo imbécil que seguía siendo y la sensibilidad de escualo que tenía al cobrar unos cuantos peces fritos a alguien de la familia que estaba de visita por primera vez en esa isla, en medio del garete del mundo.

Que me transformaría en un tipo peligroso, digo. Al fin y al cabo siempre son las personas comunes a las que se les confina a irse al garete. Es decir que el garete sería algo así como la almohada de los dulces sueños para los otros, los de siempre, los que (suponen) nos dicen lo que tenemos que hacer para que ellos sigan de fiesta -cosa que, sospecho, también sucederá mañana mismo, sábado 15 de noviembre, en la reunión de Washington-.
Y yo no quiero que me digan lo que tengo que hacer. Ni con, ni sin ajuste de cuentas. Hablando de ajuste de cuentas, portando categoría de invencible, antes de tomar el avión, mucho antes de subirme al gomón, arpón en mano, me dispondría a romperle las narices a algunos cuantos, quebrar gustoso en horas nocturnas un par de vidrios de empresas ya saneadas gracias a los confinados al garete. Y entonces sí, elegiría un modo de confinamiento que me permita gozar tanto de los vidrios rotos como de los pescaditos fritos.

Foto: composición en base a una misma serie de fotografías reales de una manifestación de trabajadores en las puertas de su empresa este viernes 14 en Madrid, a raíz de despidos de empleados.