
En una entrada publicada en su blog por Iñigo Saenz de Ugarte, sobre la verdad y el destino que encierra el final del periódico digital ADN.es, Antonio Pérez comentaba: "Esta fechoría hará que los ex miembros de la redacción ni tan sólo podamos decir con orgullo de dónde venimos, porque cuando alguien entre en la web no verán el proyecto que fue, sino en lo que lo van a convertir..." Me pareció una imagen cierta y terrible. Tal vez el primer choque duro de los que trabajaron allí con la realidad de un espacio virtual y un tiempo efímero en el que vivimos. Mirar atrás y encontrarse con que no se ha dejado rastro. O al menos no el rastro que se deseaba. No saber o no poder mostrar bien por dónde se caminó. Y de ahí, a perder la memoria de lo que se ha hecho. Se escribe rápido y más, pero quizá se dificulte o se pierda el acceso al archivo.
A medida que la humanidad acelera el tiempo, lo que pierde es espacio. En otras palabras, para lograr acelerar el tiempo, lo que se deja en el camino, lo que sería el desecho tóxico, o la energía que consume el tiempo para acelerarse, es materia. Nosotros, por ahora, sólo sabemos que los periódicos no se imprimen más y la música en mp3 no utiliza ningún soporte físico.
Los periodistas que trabajaron en ese periódico digital, noveles imposibilitados de tener un resguardo físico natural de su trabajo, trasladaron inmediatamente a sus propias bitácoras digitales en la red sus artículos (aquí -algunos- de ellos). Pensé cuántos de ellos además de la copia de rigor en el ordenador propio, o en CD, tendrían además copia y resguardo de sus artículos en papel.
Hace siglos que perdió valor la palabra; ahora, el papel. ¿Estamos preparados para que cobre valor lo digital? No reniego, ni me pregunto por qué, ni para qué va el mundo hacia lo virtual y lo digital; me pregunto hasta qué límite lo toleraremos realmente.
A medida que la humanidad acelera el tiempo, lo que pierde es espacio. En otras palabras, para lograr acelerar el tiempo, lo que se deja en el camino, lo que sería el desecho tóxico, o la energía que consume el tiempo para acelerarse, es materia. Nosotros, por ahora, sólo sabemos que los periódicos no se imprimen más y la música en mp3 no utiliza ningún soporte físico.
Los periodistas que trabajaron en ese periódico digital, noveles imposibilitados de tener un resguardo físico natural de su trabajo, trasladaron inmediatamente a sus propias bitácoras digitales en la red sus artículos (aquí -algunos- de ellos). Pensé cuántos de ellos además de la copia de rigor en el ordenador propio, o en CD, tendrían además copia y resguardo de sus artículos en papel.
Hace siglos que perdió valor la palabra; ahora, el papel. ¿Estamos preparados para que cobre valor lo digital? No reniego, ni me pregunto por qué, ni para qué va el mundo hacia lo virtual y lo digital; me pregunto hasta qué límite lo toleraremos realmente.
Cuando el día de su muerte busqué y encontré la foto de mi tía abuela bañándose en el mar, supe que ese tipo de información no volvería a suceder nunca jamás desde nuestras generaciones hacia adelante. Todo se perderá, pero mucho más que antes. Está claro que estamos preparados para ganar tiempo. Pero ¿y para perder espacio?. Ahora hay que aprender además, de a poco, a perder la memoria, y a no dejar rastro.
"Cientos de siglos después, cuando la canción no exista ya ¿qué será de esto? Razas y pueblos todo cambiará, no habrá más juicio ni posteridad y no habrá mate" Luis Alberto Spinetta / Patas de Rana
4 comentarios:
Muchísimas gracias, Nico.Por estar con nosotros y por todo lo demás.
Gracias por el guiño y el apoyo, Nico :)
Eres único, lo sabes, verdad?
Te mando besos desde el DF que amo con toda mi alma.
Suerte!
Púrpura, de lo que dices sólo voy a aceptar el beso.
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