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viernes 18 de abril de 2008

Lo bello y lo triste



Un cachorro abandonado. O ¿cómo se puede graficar en una imagen lo bello y lo triste? Yo lo descubrí como nunca hace algo más de un año, sentado en la butaca, mientras veía la escena final de Babel (Alejandro González Iñárritu, 2006). El padre abrazando a su hija, desesperada en la soledad más absoluta y en el silencio del desamor total. Lo ví ahí, en ese balcón nocturno de Tokio, mientras escuchaba y me decía, "qué belleza, quiero esa música, ¡ya!". Me lo confirmaron enseguida. Ese tema era del pianista japonés Ryuichi Sakamoto, por supuesto. Asi que escuchando Bibo No Aozora, comprendí que no sólo podían ser imágenes, sino también sonidos lo bello y lo triste. Y letras, cómo no.
Por imagen o por sonido. Por la letra aún legible de la úlima carta que a sus 93 años me envió mi abuela y sigue guardada en un cajón. Por el limonero en el jardín. Por un beso, o por el recuerdo de una esquina de paraguas un día de lluvia. Porque no es nada más. Son sólo esas cosas sencillas e inútiles, que juntamos sin querer a lo largo de la vida. A lo largo del querer, con la vida.

martes 26 de febrero de 2008

Ventana inútil


"
"Visione del silenzio, angolo vuoto.
Pagina senza parole, una lettera scritta sopra un viso, di pietra e vapore.
Amore. Inutile finestra."


Caetano Veloso, cantando en italiano. Junto a él, esos lindísimos dibujos de Lorenzo Mattotti. Todo hace de separador en los tres cortos que componen Eros. Vale la pena el último "The Hand", de Wong Kar Wai.
Wonky les dará -y sin inmutarse- un buen hachazo en la cabeza con esas historias de amores imposibles, pero verdaderos... pero imposibles. Inútiles, como una ventana que no puede abrirse.