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sábado 7 de junio de 2008

Cruzar sin cruzar


Una cosa es compartir una gran cordillera y otra una hermosa amistad. Está la opción de cruzar y verse, o tal vez escribir y conocerse. Ahí las cosas pueden mezclarse y suceder que a ambos lados de una hermosa cordillera surja una gran amistad.
Hay barreras que no logran frenar nada, divisiones que no saben qué dividen, o líneas hipotéticas que nunca dibujaron trazo. Lo que no existe no es lo que no se ve, sino lo que no se conoce, aunque exista. Después de conocer algo, por más que no se vea nunca, no habrá forma posible de hacer que deje de existir. No hay retorno, no se puede volver al desconocimiento. De nuestra cabeza no desaparece ni lo muerto, pero sí que puede existir lo que nunca hemos visto. Después de conocer, uno podrá cruzar sin cruzar, viajar sin moverse. Conocer, sin verse.

(Foto:Nico) Cruzando la cordillera de los Andes en dirección a Santiago de Chile. Abril de 2001.

sábado 10 de mayo de 2008

Yo te quiero

Al escuchar me preguntaba por qué no estamos más dispuestos naturalmente y emocionalmente a entender que alguien puede dejar de querernos. Cómo es que desarrollamos esa extraña preferencia por el sentido de pertenencia en vez de por la libertad y la verdad. No, no es exactamente dejar de querernos, sino dejar de querer seguir compartiendo la vida junto a uno. Cómo es que se puede llegar a odiar tanto después de querer, cómo es que activamos ese mecanismo innoble de la autodefensa a través del odio para salvarnos. Vaya uno a saber de qué. Algo así como que si ya no quieres estar conmigo, entonces ahora yo cambio y me programo para odiarte. Así que te quería porque eras mío, o mientras fueras mío. Si no eres mío, no te quiero. A mi me hubiera gustado que me quisieras por lo que soy, no por lo que tengo, ni por lo que te doy. Y eso sólo era posible siendo libres. Si me hubieras querido sinceramente por lo que soy podrías haber entendido perfectamente que me voy no porque ya no te quiera, sino porque si continúo mi vida al lado tuyo yo ya no sería lo que quiero ser. Cuánto más feliz hubiera sido si me hubieras amado libre y sin condiciones. Por eso, te quiero.

martes 6 de mayo de 2008

Volver



Volver a un lugar donde ya estuve me hace sentir que ese lugar es más mío. Cuantas más veces vuelvo más mío es. Animarme a viajar sin mapa, llegar sin callejero y caminar hasta sentarme justo en el lugar que buscaba sin ayuda de nadie. De lo más grande al rincón más escondido, darme cuenta de que ya lo tengo en la cabeza de alguna manera. Antes era un forastero, ahora ya sé donde voy. Pertenencerse mutuamente. Si además, puedo ir y volver cuando me plazca ese lugar no sólo es mio, ese lugar también soy yo. Sólo el lugar y yo. Nos entendemos.

(Foto: Nico) Saint Jean de Luz, Aquitania, Francia. 2 de mayo 2008.

miércoles 23 de abril de 2008

Eso que se decía hablar



Hubo una vez el correo y el encuentro en una esquina. La letra escrita y la voz. Después, el teléfono, móvil. Después los sms, después, ¿el silencio o qué?
En el correo tradicional escrito había (hay) distancias y tiempo. Así que internet y el maravilloso correo electrónico -que será electrónico pero al menos es escrito- bienvenido sea. Es un simple canje. Tinta por dígitos, papel por pantalla. Pero ¿y la voz y el mirarse a la cara?

Un niño de 12 años coge su teléfono móvil (el suyo) y hace una llamada telefónica a sus padres para avisarles que ha llegado de jugar del parque y ya está aquí, abajo, dentro de la urbanización. El niño estaba a 15 metros del portal de su vivienda, podía ver con sus propios ojos su casa. En definitiva, que si caminaba unos metros se ahorraba la llamada, hacía ejercicio (que le hacía falta, de paso) y hablaba personalmente con su papá o su mamá. Decía un "¿hola?" real, no virtual.
Hay chicos que chatean a metros de distancia, vereda a vereda, balcón a balcón. Yo, me iba en bicicleta a lo de mis amigos. Eso fue... el año pasado. Ya sé, me lo veo venir. Aquí, cambio, un viejo romántico, cambio, que prefiere todavía hablar por teléfono, escribir o mirar, que enviar un sms, o chatear. Stop. Tenga cuidado con lo que piensa. Lo de viejo ya puede dolerme.

Pero usted ¿qué quiere, comunicarse o intentar que no sepan que se está comunicando?. Cómo es esto de que la gente está prefiriendo comunicarse de la forma más virtual posible, la forma más lejana. ¿No era que la maravilla era haber llegado a escucharse en la distancia cuando se popularizó el teléfono a inicios del s. XX? La gente tiene miedo (o no sé qué) de mirarse y ahora, hasta de hablar. Me niego al virtualismo extremo que nos amenaza. Si el sms le gana al llamado telefónico, cierro y me voy. ¿Tomaremos un café usted en el quinto y yo en el octavo mirándonos con una web-cam? Me bajo. Desaparecerán los cafés, ¿de qué viviría yo?

Para comunicarme con una persona, yo pienso un poco, armo palabras una tras otra (a veces, muchas) y las escribo o emito en forma sonora por mi boca. Hablar, se llama o se llamaba hablar, escribir, decir. El pobre chico de Doble de móvil, se lo perdió, o probablemente, no lo sabe hacer. No sé que edad tiene, pero juro que me la imagino.
Sí, nostálgico, romántico, hasta retrógrado... Lo que me parece retrógrado es preferir un sms a escribir. Un chat, a encontrarse en un bar. Lo que me parece cobarde y vulgar es esconderse tras un mensajito, no tener huevos para verse a la cara, mirarse. Invitar a tomar un café, dar un beso, si fuera necesario. En todo caso, yo prefiero una muy buena bofetada.

A raíz del comentario de Lúcida en Doble de móvil: "Hoy en día parece que escuchar una voz por teléfono es algo fuera de lo normal..."

lunes 21 de abril de 2008

Ver nunca más


Una mujer ciega, de unos 50 años, espera en el andén de la estación del Metro Ligero que utilizo todas las mañanas para ir a mi trabajo. Imposible que acierte con la puerta del tren, ceguera total. La guío para subir, hay poca gente, la acomodo en un sitio. Pregunta y se entera de que soy de esta zona. Me informa que va hasta Alonso Martínez. Yo, sigo un poco más. Me quedo cerca de ella, me pongo a escuchar mi música preferida. Hoy no escribo ni leo. Miro.
Para ambos hay el mismo trasbordo. Le chequeo los billetes de salida del Metro Ligero y entrada en el Metro tradicional. Uno a uno. Primero, usted.
La línea 10 de Metro, abarrotada de gente a las 9.20 de la mañana. Aunque según ella no hace falta, pido en voz alta "un asiento para la señora, por favor". Pierdo contacto. Está sentada delante de dos personas que me impiden verla en todo el resto del viaje. Mucha gente. Cuando se fue no pude ni desearle un buen día. Cuando se fue, creí comprender un poco más lo que es la ceguera. Yo, a ella, no volveré a verla nunca más.


(Foto: Nico) La protagonista, sentada en la linea 10 del Metro de Madrid. Lunes 21 de abril, 09.20 hs.

viernes 18 de abril de 2008

Lo bello y lo triste



Un cachorro abandonado. O ¿cómo se puede graficar en una imagen lo bello y lo triste? Yo lo descubrí como nunca hace algo más de un año, sentado en la butaca, mientras veía la escena final de Babel (Alejandro González Iñárritu, 2006). El padre abrazando a su hija, desesperada en la soledad más absoluta y en el silencio del desamor total. Lo ví ahí, en ese balcón nocturno de Tokio, mientras escuchaba y me decía, "qué belleza, quiero esa música, ¡ya!". Me lo confirmaron enseguida. Ese tema era del pianista japonés Ryuichi Sakamoto, por supuesto. Asi que escuchando Bibo No Aozora, comprendí que no sólo podían ser imágenes, sino también sonidos lo bello y lo triste. Y letras, cómo no.
Por imagen o por sonido. Por la letra aún legible de la úlima carta que a sus 93 años me envió mi abuela y sigue guardada en un cajón. Por el limonero en el jardín. Por un beso, o por el recuerdo de una esquina de paraguas un día de lluvia. Porque no es nada más. Son sólo esas cosas sencillas e inútiles, que juntamos sin querer a lo largo de la vida. A lo largo del querer, con la vida.

miércoles 16 de abril de 2008

Doble de movil


Hay una historia de amor, no correspondido, que se debate entre la ignorancia y la estupidez, entre el desconcierto y un número equivocado. El mío.
En verdad, está más equivocado el chico que mi número de teléfono. Es la cuarta vez que recibo un mensaje en mi movil de este chico confundido. Los primeros tres ocurrieron el mismo día, hace ya casi un mes. El cuarto, recién ahora. No le contesté nada aquella vez esperando que el pobre no volviera a ver a la chica, como se supone que ocurra con una que activó el Plan B de esa manera. O, que cuando la viera, asumiera la realidad: Han querido deshacerse de tí, darling...

Asi que ahora, con el cuarto intento de cabezazo, me he quedado pensando qué puede haber ocurrido en estos 28 días más allá de un perfecto cíclo menstrual, para que este chico insista y con semejante nivel dialéctico.

Primero, no puedo creer que no se haya dado cuenta de que se equivoca de número. Segundo, suponiendo que no se percató de lo primero, no entiendo cómo no se percata de que se ha equivocado de chica. 28 días sin señales de vida quiere decir que se ha muerto. Encima, el muchacho lleva 60 céntimos de euro tirados a la basura. Asi que esta vez le contesté, pensando más en su bolsillo; su cabeza es irrecuperable: "Tío, te han dado un número equivocado". Pero hubiera seguido: Si buscabas sexo, has perdido. Si querías una historia romántica, debes saber inmediatamente, que siempre es más romántico un amor imposible, que uno no correspondido.

miércoles 26 de marzo de 2008

Muñecos de redacción



Qué cosa puede hacer que una persona adulta, profesional y bien formada se haya puesto un día a colocar todos estos muñequitos sobre el ordenador de su puesto de trabajo. El hecho de buscarlos, elegirlos y colocarlos ahí. Antes que eso tuvo que recibirlos u obtenerlos de alguna manera, guardarlos. Ahora viven ahí, de paso a la máquina de café.
Esa oreja junto a la escultura, el marciano horrible que le teme al bueno de Mickey Mouse, el friki de Picachu y el ordinario de Shin-Chan se hacen amigos, la araña esta harta de los dos. Superman controla todo, ahí arriba tiene el poder y pasa de todos ellos.
Sin ningún reparo ni explicación, el dueño los expone para sí, arman su mañana, y la de todo el mundo. Vaya a saber uno de las historias, de sus simples o complejos significados, de qué cosas le dicen sólo a él cada día, cada muñeco. Recuerdos. Nadie más sabe nada de ellos. Sólo que ahora todos, todos los días, somos testigos y compañeros de su noble destino.

(Foto: Nico) En la redacción de un periódico español.

viernes 14 de marzo de 2008

Vivir en aeropuertos


Me encantan los aeropuertos. Es uno de los pocos lugares en los que uno -más o menos a menudo y de forma totalmente natural- puede estar "en tránsito", es decir, justo en el medio entre un lugar y otro. Es la antesala que lo prepara a usted para vivir por un instante en ningún lado. Si uno, además, tiene la suerte de dirigirse a un destino muy lejano, en esas ocho o diez horas usted tendrá un encuentro muy cercano con la nada, estará en algo muy parecido a un no lugar. Todo esto se obtiene sin entrar en estados de inconsciencia, sin drogas, ni alcohol. Sólo relájese, no piense y, por favor, mire por la ventanilla.

"Un amor real, es cómo dormir y estar despierto,
un amor real, es como vivir en aeropuertos"
Charly García, `Pasajera en trance´.

(Foto: Nico) Sobrevolando el Océano Atlántico dirección norte-sur.
Avión: Boeing 747-400

jueves 28 de febrero de 2008

La batalla del desconocimiento


Hay un ingrediente imprescindible para que un momento cualquiera pueda llegar a ser inolvidable, maravilloso: es que sea único. Por eso no vuelve a repetirse. Nos empeñamos en añorarlo, sufrimos y tardamos en entender, con un poco de tristeza, que no volverá. Pero la ventaja reside en descubrir ahí mismo el otro elemento imprescindible que hizo posible la existencia de ese momento y que hará posible otros: el total desconocimiento de cómo, cuándo y por qué ocurrirán. Yo nunca supe que escribiría esto. Tú jamás imaginaste que lo leerías hoy. Porque en realidad, desconocemos todo.

(Foto: Ana R. Camus)

lunes 25 de febrero de 2008

Calendario 2008


Hace un tiempo ya que tengo la sensación de que todo pasa más rápido de lo que yo desearía. Los calendarios se arrojan a la papelera casi con la misma frecuencia que la cucharilla de plástico del café de la oficina. Pero más allá del calendario o del reloj, lo que últimamente me marca el ritmo y me lleva de las narices hacia el fin del año, no es ninguno de estos clásicos divisores del tiempo, sino el Abono Mensual de Transportes. Ver impreso el mes de febrero ahí me produce una sensación mensualmente vertiginosa. A dónde, en qué se fueron estos dos meses ya. Mi billete de transporte, es ahora mi calendario. Y ese aparatejo con botones donde lo obtengo cada mes se ha transformado para mi en la máquina del tiempo.

sábado 23 de febrero de 2008

El borde del mundo


Hay días en los que si levanto la vista veo todo. Nada me interrumpe. Con cierta claridad logro ver, en un arco que va desde la punta de mis pies hasta arriba de mi cabeza, la nada y el todo juntos. Estoy parado en el borde del mundo. Lo que veo es todo aquello que hay más allá, y sólo mis pies me siguen uniendo a todo esto que queda aquí. Esto ni tú ni yo podemos verlo nunca, sólo a veces. Hoy hubo un instante en el que lo vi, e inútilmente estoy intentando transcribirlo. Pero no se puede. En el borde del mundo no hay cobertura de móviles ni tartas de chocolate, no hay café ni música comprimida. Ahí no hay nadie, ahí están esas cosas que de vez en cuando queremos ser y no podemos. Solas, sin nosotros. Esas cosas que en el fondo sabemos que completan nuestra forma aquí. Juntas hacen que seamos un todo. Nada.

(Foto: Nico jr.) Sicilia, Italia. Julio 2007